Editorial
Recuerdo aquel anuncio en televisión que decía "si de repente un desconocido te regala flores...". En este caso no es el efecto del desodorante, sino del mes.
También acude a mi memoria aquellos años escolares, en los que el mes de mayo era especial. La última hora de clase duraba unos diez minutos menos. Nos sacaban a todos los cursos ordenados por filas, desde primero hasta octavo, es decir, en ocho filas, de pequeña mayores, a cantarle a la Virgen aquello de "con flores a María" y Doña carmen, mi maestra, haciendo el coro.
